Divina Misericordia

sábado, 19 de septiembre de 2009

El obispo de Segorbe-Castellón destaca que "la formación es algo necesario y permanente"

El obispo de Segorbe-Castellón, monseñor Casimiro López, titula su carta dominical de esta semana "La formación: objetivo prioritario". En ella destaca que la formación centrará de forma preferente el trabajo del nuevo curso pastoral. Este pasado sábado el obispo de la diocésis ha presidido en el seminario Mater Dei de Castellón la Jornada Diocesana de apertura del nuevo curso pastoral 2009-2010.



Con la Jornada Diocesana de este sábado iniciamos un nuevo curso pastoral. Lo hacemos con la confianza de sabernos acompañados, guiados y fortalecidos por el Espíritu del Señor Resucitado. En este segundo año de aplicación de nuestro vigente Plan Diocesano de Pastoral vamos a centrar nuestro trabajo pastoral de modo preferente en la formación; es su segundo objetivo específico. Queremos, en efecto, cuidar la formación integral de todos los miembros de la comunidad eclesial, con especial atención a los sacerdotes, a las familias y a los jóvenes.

La formación es algo necesario y permanente en la vida de todo cristiano, independientemente del don, de la vocación, del ministerio o carisma, que cada uno hayamos recibido, de la edad y del estado. No podemos reducir la formación al tiempo de la iniciación cristiana en la infancia, en la adolescencia o en la edad adulta; como tampoco se puede limitar al tiempo de formación inicial en el seminario o en otros centros o escuelas.

Con frecuencia identificamos la formación cristiana con la adquisición de conocimientos de la doctrina y de la moral de la Iglesia. Esto es sumamente necesario y especialmente urgente, pues constatamos que muchos de nuestros cristianos desconocen las verdades más elementales de la fe y de la moral de la Iglesia. Y sin ello nadie podrá darse ni dar razones de su fe ni de su esperanza, máxime en un mundo descristianizado.

Pero la formación cristiana no puede quedar reducida a la adquisición de conocimientos, sino que ha de ayudar, en primer lugar, a crecer y madurar como cristianos según la vocación, ministerio o tarea recibida. Por ello ha de propiciar el encuentro con el Dios vivo, que nos ha revelado en Jesucristo la fuerza transformadora de su amor y de su verdad; es decir, ha de llevar al encuentro personal con el Señor Resucitado, que suscita el deseo de crecer en el conocimiento, en la comprensión y en el amor de Cristo y de su enseñanza. De este modo, quienes se encuentran con Él se ven impulsados por la fuerza de la gracia y del Evangelio a llevar una vida marcada por el seguimiento del Señor y una vida de testimonio cristiano, alimentada y fortalecida en la comunidad de los discípulos del Señor, la Iglesia.

Encuentro vivificante y transformador con el Señor, conocimiento de él y de sus enseñanzas en la tradición viva de la Iglesia, y testimonio en la Iglesia y en el mundo son fines inseparables de la formación cristiana. Formarse en cristiano es dejarse formar, transformar y renovar por el Señor, por su Palabra y por sus Sacramentos hasta llegar a ser hombres nuevos, con un nuevo modo de pensar, querer, sentir, actuar y existir; y éste no es otro sino el del Cristo y de su Evangelio. Sólo seremos ‘hombres nuevos', como dice San Pablo, si nos dejamos conquistar, formar y plasmar por el Hombre nuevo, Jesucristo.

Un nuevo curso pastoral es un tiempo de gracia que el Señor ofrece a nuestra Iglesia. Retomemos la tarea pastoral con ánimo y esperanza renovados. Sabemos bien de Quien nos hemos fiado. El Señor Jesús está y camina con nosotros. Y María, la Virgen de la Cueva Santa, nos protege y alienta en nuestro caminar.

Con mi afecto y bendición,

Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

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